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El movimiento BDS, el enemigo que incomoda a Israel

BDS (Boicot, Desinversiones, Sanciones), como sus propias siglas indican, es una campaña de boicot al Estado de Israel en solidaridad con la lucha del pueblo palestino. Se trata de una iniciativa que abarca todos los niveles de boicot, desde el económico, político, académico, hasta el cultural y deportivo. Este movimiento nace en el año 2005 por 172 organizaciones de la sociedad civil palestina y sus objetivos principales son poner fin a la ocupación de los territorios palestinos de Cisjordania, Franja de Gaza y Jerusalén Este, el desmantelamiento del muro, el cumplimiento de las resoluciones de la ONU en materia de los refugiados palestinos y su derecho al retorno y la igualdad de derechos a los palestinos que viven en Israel.

Este movimiento de resistencia civil no violenta pasó casi desapercibido los primeros años de actuación pero a lo largo de los años ha ido consiguiendo numerosas victorias a nivel internacional y, poco a poco, se ha convertido en un enemigo crucial para los intereses del sionismo israelí y para las multinacionales y gobiernos aliados.

Destaca, entre sus victorias más recientes en el ámbito económico, el anuncio a principios de junio de la retirada de la multinacional Orange del mercado israelí y, en el ámbito académico, la adhesión de la American Studies Assosiation al BDS o la cancelación de la ponencia del famoso científico Stephen Hawking en la Conferencia Presidencial de Israel.

 

En cuanto al tema cultural,resultó decisiva la suspensión de Lauren Hyll, ganadora de ocho Grammys, de su concierto en Tel Aviv, y en lo político, la solicitud formal de la Unión Europea a Israel para que distinga el etiquetado de los propios productos provenientes de Cisjordania. Diversos escenarios que indican un cambio de actitud de la Europa oficial y la ruptura de relaciones entre Sudáfrica e Israel por la inspiración del BDS en la lucha contra el Apartheid sudafricano.

Todos los frutos del boicot, mencionados y no mencionados, empiezan a preocupar seriamente al Gobierno israelí y causar graves inquietudes en los círculos de la alta burguesía sionista. Netanyahu llegó a mencionar el movimiento BDS en 17 ocasiones en un discurso que ofeció en Washington ante el AIPAC (American Israel Public Affairs Committe), una organización estadounidense que ejerce de lobby pro-Israel en la que recaudaron más de 50 millones de dólares para financiar una campaña que contrarreste el impacto popular, diplomático y mediático del BDS a nivel mundial. El nivel de desesperación ha llegado a tal punto que ha llevado a Yair Lapid, famoso político y estadista israelí a decir que “los que apoyan al BDS son los mismos que atacaron las torres gemelas”. 

El miedo que empieza a suscitar esta campaña sirve para hacer eco de la voz que pide la resistencia palestina, que es la de recordar a la comunidad internacional su propia responsabilidad. Recordar la contradicción de apoyar la creación de un estado palestino mientras se impulsan las relaciones comerciales con Israel, la potencia ocupante. Recordar la contradicción de ir a cantar a Israel, mientras ese mismo país no permite el desarrollo cultural, deportivo y social palestino. La contradicción de la participación deportiva de Israel en competiciones internacionales como fue el caso de la FIFA a la vez que se incrementan las políticas de colonización y apartheid contra los palestinos, por no hablar de toda la impunidad que hay alrededor de todos los crímenes que a lo largo de la historia ha ido cometiendo el Estado de Israel.

La campaña en contra de BDS no es más que un intento de detener todo el proceso global en favor de la justicia para Palestina y ante ello, poco podrán hacer los millones destinados por Netanyahu a su campaña de terror. Y es que, cueste lo que cueste la lucha sigue, porque como dijo Nelson Mandela en su lucha contra el Apartheid: ''Todo parece imposible hasta que se hace''.

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