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La paz que no llegó con Simon Peres

El adiós al último “padre” fundador del Estado de Israel, Simon Peres, marcó este martes un antes y un después en la memoria histórica del país. Su despedida evidenció también la grieta social que recorre la disputada ciudad de Jerusalén, dividida entre aquellos que conservarán en su recuerdo al ex presidente como el gran referente de la paz en la nación y entre quienes lo despiden como uno de los grandes culpables de los asentamientos en los territorios ocupados por Israel. Para ambos, sin embargo, su pérdida recuerda que una de sus grandes luchas sigue aún sin resolverse: la paz entre israelíes y palestinos. La última ronda de negociaciones, que pretende mediar en este enquistado conflicto, ha sido promovida por Rusia. A pesar de que aún no ha comenzado formalmente, la iniciativa ya está generando un profundo escepticismo.

"Es exactamente una foto para la galería", afirma sin tapujos el miembro del Partido laborista y diputado del Knesset (Parlamento israelí), Manuel Trajtenberg. No tiene dudas de que esta nueva propuesta del Kremlin, que busca señalizar el camino hacia la paz, está condenada a golpearse una y otra vez contra el muro de la desconfianza. Trajtenberg asegura que el proceso continúa porque "nadie se quiere negar para que no le acusen de arruinar (el intento de paz)", pero que el diálogo está muerto antes de que empiece la ronda de negociaciones, dado que hoy "el enemigo más grande de la paz es la desconfianza mutua entre israelíes y palestinos”.

Rusia se comprometió a organizar en Moscú una reunión entre el presidente palestino, Mahmud Abbas, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. De hecho, ambos líderes -que no se ven desde 2010, cuando Israel y Palestina abordaron con la mediación de Estados Unidos otro intento de acuerdo- aceptaron asistir al encuentro, que debió celebrarse el pasado viernes 9 de septiembre. Sin embargo, la voluntad de concretar esta nueva ronda de diálogos parece no ser la propia de dos mandatarios en vías de entendimiento; ya que después de ser aplazada en una ocasión por el lado israelí, la propuesta sigue en pie pero aún sin una fecha establecida.

"No creo que Rusia pueda jugar un papel de mediador. Nadie puede imponer estas conversaciones, tiene que surgir de las dos partes. Rusia no puede serlo porque hoy en día en el campo internacional está jugando un papel que genera muchos interrogantes, por ejemplo en Siria y Crimea. Tiene una actitud muy militante y agresiva y esto no es compatible con ser mediador. Quiere jugar un papel de potencia de vuelta en Oriente Medio", advierte el político y economista Trajtenberg.

De celebrarse el encuentro con Putin, la postura palestina continuará con al menos tres de sus habituales exigencias para reiniciar el diálogo: la congelación de la construcción de colonias israelíes en territorio ocupado, la liberación de los presos encarcelados antes del proceso de Oslo y un calendario firme para la negociación. Un punto de partida que ya choca frontalmente con el israelí, dado que Netanyahu respondió que dicha reunión entre ambos líderes se debe realizar “sin condiciones previas” y en busca de “conversaciones directas”. Las fuertes discrepancias que distancian a ambos mandatarios traduce, por tanto, en muy escasas las posibilidades de lograr algún avance, aunque se mantiene vigente la visita del primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, en noviembre a Palestina para tratar éste y otros asuntos sobre Oriente Medio.

El mismo escepticismo rodea al diputado laborista israelí Yehiel Hilik Bar: “No creo que el liderazgo de Netanyahu, por ideología, vaya a alcanzar la paz con Palestina. El problema radica en la falta de confianza mutua entre ambos liderazgos a la hora de iniciar conversaciones de paz”, relata haciendo hincapié en el abismo comunicativo que separa a los dos principales actores.

Se concrete o no finalmente este encuentro liderado por Rusia, refleja, para el analista Víctor de Currea Lugo, una clara maniobra rusa de política exterior al margen del conflicto. "La agenda rusa en Oriente Medio tiene que ver con su proceso de expansión. Putin, a diferencia de Yeltsin, recupera el pensamiento expansionista del mismo Stalin. A él no le preocupa particularmente la ocupación de Palestina, sino contrarrestar la influencia de Estados Unidos que históricamente tiene una fuerte presencia en Oriente Medio”. Mientras, por un lado, las fuerzas armadas rusas mantienen a flote al presidente Bashar al-Assad en su lucha contra diversos grupos rebeldes en la guerra siria, Israel se ha situado al margen, adoptando una postura únicamente defensiva, pero con un estrecho contacto con los rusos para “evitar choques indeseados entre ambas fuerzas aéreas”, afirma una fuente militar israelí desde Los Altos del Golán.

Por el momento, habrá que esperar a que se fije una fecha oficial para el nuevo intento de paz entre israelíes y palestinos para, quizá también, poder fotografiar el escenario moscovita en el que Putin moverá ficha en el inestable tablero de Oriente Medio.

 

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