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Cuatro miradas de la juventud siria sobre su revolución

Después de cuatro años de conflicto, hay ciudadanos sirios que prefieren no mirar atrás. Al hacerlo solo encuentran dolor, tragedia y una frustración que consume sus fuerzas. Hay otros, sin embargo, que aún no han perdido toda esperanza y que siguen luchando convencidos de que a Siria le espera algo mejor.

Entrevistamos a cuatro jóvenes. Todos ellos, hijos de emigrantes sirios que, a principios de los años 80, abandonaron su país natal en busca de otra vida. Ala Alsoory, desde Amman, Suzanne Zaura, desde Madrid y Abdul Karim y Durry Syouffi desde Granada y Valencia respectivamente, nos prestan su mirada para entender el significado de su revolución en este cuarto aniversario. ¿Qué ha sido de ella? ¿Qué ha cambiado desde marzo de 2011? ¿Qué futuro le espera a Siria?

 

Ala Alsoory (26): “La revolución no morirá siempre que queden sirios que respiren y crean en ella”

Ala en Amman, Jordania.

Jordania fue el país que el padre de Ala eligió para retomar su vida cuando desertó del Ejército Sirio tras la masacre en Hama, uno de los capítulos más trágicos del país. Abandonó Siria junto a otros miembros de su familia, que partieron hacia Turquía.

“Yo he nacido aquí, en Amman”, cuenta el joven Ala Alsoory (nombre artístico). La última vez que estuvo en Siria fue en el año 2010. “Echo de menos oler los jazmines al caminar por sus calles, tomar un helado en Salora, visitar la Ciudadela de Aleppo con mis amigos y disfrutar de los veranos con mi familia”. “Echo de menos todo”, transmite arañado por la impotencia.

Se define como uno de los “primeros activistas sirios” que denunciaron a través de Twitter la situación del país en 2011. “Entonces nadie conocía bien lo que suponía vivir bajo el control del régimen Al-Assad”. “Teníamos que informar a todo el mundo de lo que estaba pasando dentro porque el régimen había bloqueado los medios”.

“Al principio usábamos nombres falsos por miedo a la represión del régimen, que solía encarcelar a los familiares de los opositores”, añade.

Dos meses después del inicio de las protestas creó junto a otros compañeros una página de denuncia en Facebook y Twitter (“Thuwwar”) donde publicaban “las noticias reales que ocurrían en Siria” y no “las falsas que difundía el régimen”. “Fue todo un reto para nosotros ganarnos la credibilidad como activistas”, dice. A día de hoy, sigue organizándose con los amigos para lograr que Siria sea "trending topic" mundial en Twitter. Cada viernes emplean un hashtag diferente para dar difusión a la situación del país.

“Nos prometimos a nosotros mismos no abandonar hasta cumplir las metas que perseguían los sirios en marzo de 2011”. Siente que es lo mínimo que está en sus manos para mantener vivo el “recuerdo de todas aquellas personas que han sacrificado sus vidas por luchar por la libertad”.

Desde su trabajo actual, en una agencia humanitaria que ayuda a refugiados sirios en el Norte de Jordania, dice “estar cansado y enfadado por lo que le ocurre a su amada Siria” pero recupera el aliento al relatar que la revolución “no morirá siempre que queden sirios que respiren y crean en ella”.

 

Suzanne Zaura (29): “No se puede dejar derramar tanta sangre en vano”

Suzanne en Madrid

Para Suzanne, este cuarto aniversario nada tiene que ver con los anteriores. En los primeros “la euforia y el ansia de libertad corría por nuestras venas”, ahora ya “sólo corre la esperanza, en soledad, de que quede algún habitante y alguna casa en pie cuando termine todo esto”. Prefiere usar para esta entrevista su nombre ficticio, Suzanne Zaura.

Lleva sus 29 años viviendo en Madrid, donde actualmente trabaja en un medio de comunicación. Su padre, al igual que el de Ala Alsoory, también abandonó Siria a raíz de lo ocurrido en Hama. Fue una “revolución aplastada por las armas” del régimen, entonces presidido por Hafez Al-Assad, padre del actual líder.

“En Hama mi padre perdió a algunos de sus primos y tíos” y ahora tenemos que “continuar con la lucha que se quiso enterrar en 1982”, advierte Suzanne, tomando el relevo de su progenitor.

Recuerda con nostalgia aquella Siria que, para ella, “destacaba por la hospitalidad de sus habitantes y por el respeto cultural y religioso”. E intenta luchar por olvidar aquella otra cuyas “calles estaban repletas de mujabarat (espías) que iban vestidos de paisanos y que escenificaban la auténtica represión”.

La joven hispanosiria cree que, después de estos cuatro años, “la revolución sigue viva” y que “no queda otra que seguir hasta el final”  porque “no se puede dejar derramar tanta sangre en vano”.

Suzanne recuerda este domingo que “el pueblo sirio aún resiste” a pesar del “abandono y el silencio de la comunidad internacional”. Considera que "tanto España como Occidente en general han dado la espalda de forma descarada a esta causa”.

A Siria le espera un “futuro incierto, confuso y difícil” pero “cueste lo que cueste, logrará la paz y libertad que tanto ansía”, sentencia optimista.

 

Abdul Karim (27): “La revolución aguantó hasta ahogarse en la sangre de su propia gente”

Abdul en Alhambra, Granada.“Para mí es un orgullo y un honor ser sirio”, reconoce este granadino de 27 años. Los padres de Abdul también emigraron de Siria a España a principios de los 80 “por la mala situación del país” y por su condición “contraria al régimen”. Otros de sus familiares hicieron lo mismo y se instalaron en Arabia Saudí y Turquía. Sin embargo, aún conserva a algunos de sus tíos dentro de Siria. Son ellos los que le transmiten de primera mano su sufrimiento y el de su entorno más cercano.

Abdul ha participado desde el inicio de la revolución en marzo de 2011 en las manifestaciones que se organizaron en Granada para “dar a conocer la situación tan desesperada del pueblo sirio”.

Sigue teniendo la esperanza de que la “injusticia que se comete a diario en Siria” llegue a más oídos de los que llega y que, por fin, se combata tanta “impunidad”.

“La revolución ha muerto. Aguantó hasta ahogarse en la sangre de su propia gente”, confiesa entristecido. El joven condena la “pasividad internacional ante las matanzas perpetuadas con total libertad por Al-Assad” y argumenta que “salvo los superhéroes, nadie salva vidas gratis”.

“La revolución me ha servido para darme cuenta del valor, corazón y dignidad del pueblo sirio ya que, a sabiendas de que serían masacrados, decidieron elegir luchar por la libertad”, asegura.

Una libertad que, según Abdul, tampoco existía antes de la revolución: “La libertad en Siria era nula; era un país gobernado por un grupo corrupto de personas, que vivían a costa del pueblo y cuya arma más efectiva era el miedo”.

Siria era una "dictadura en la que un servicio secreto controlaba absolutamente todo" y en la que "para todo se necesitaba la autorización del alto cargo correspondiente de la zona".

El “futuro que le espera es bastante oscuro”, se lamenta resignado. “No habrá nunca una solución satisfactoria para ese pueblo humillado”.

 

Durry Syouffi (23): “En Siria lo único por lo que lucha la gente es por sobrevivir”

La familia de Durry es originaria de Homs, una de las ciudades más castigadas durante el conflicto. Él nació en Valencia, ciudad en la que se instalaron sus padres al emigrar del país. Ahí estudió una carrera y es donde trabaja, a sus 23 años, como administrativo.

Para Durry, en sus inicios “la revolución aspiraba a una vida mejor en Siria” y ahora “lo único por lo que lucha la gente es por sobrevivir”.

Antes de que estallase la Primavera Árabe, Siria tenía “dos realidades muy distintas”, advierte. “Era el país más bonito que he conocido en cuanto a cultura, paisajes y gente” pero “la vida dentro era de silencio total y donde la expresión en público era nula”.

Al igual que Abdul y Suzanne, también hace referencia al “control milimétrico” de la población por parte de las autoridades. A la hora de “tramitar cualquier papeleo, tenías que acudir a muchas instituciones gubernamentales, militares y de inteligencia”, narra.

En este cuarto aniversario del inicio de la revolución en Siria asume con impotencia que, “cuanto más pasa el tiempo, la gente vive peor y dispone de menos recursos alimenticios y sanitarios”. Cada vez tiene menos esperanza de que sea “el resto del mundo quien saque a los sirios de la peor situación humanitaria desde la II Guerra Mundial”.

Aprovecha para lanzar un llamamiento a la empatía y al apoyo ciudadano al que aconseja “olvidar las distancias religiosas o culturales” y tener presente que estamos ante “seres humanos que mañana podrían ya no estar entre nosotros”.

Durry no ve el “final de la guerra a corto plazo” pero sí se muestra firme al imaginarse a una futura Siria sin rastro “del régimen Al-Assad”.

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