ÚLTIMOS ARTÍCULOS

Un grifo de agua para 800 refugiados sirios en Líb...
04 Mar 2018 18:36 - Marta Sotres @MartaSo3

Familias sirias que huyeron de Baba Amro por la guerra en su país, sobreviven hoy en habitáculos s [ ... ]

Respira Siria, respira
05 Abr 2017 10:16 - Marta Sotres @MartaSo3

Tienen que gasearlos a centenares para que prestemos atención a su desgracia. De los bombardeos que [ ... ]

Articulos anteriores


Siria se desangra sin poder curar sus heridas

Cuando el personal médico sirio comenzó a ser decisivo a la hora de cambiar el destino de algunos de los civiles alcanzados por los bombardeos del régimen de Bashar Al-Assad, su profesión, al igual que la del periodista, se tornó incómoda.  

La atención del personal sanitario sobre el terreno a menudo arrebataba a los proyectiles el macabro poder de reducir a escombros las vidas del bando enemigo. Vidas al margen del frente de guerra, en la gran mayoría de los casos, que sufrían entonces y sufren ahora la irrupción del combate en sus rutinas.

Quieren desangrar a los civiles y que no puedan cortar la hemorragia”, advierte en una entrevista el joven hispano-sirio Abdul Karim, quien define como “el verdadero drama” la imposibilidad de abastecer en ayudas y material médico a gran parte de los hospitales del país.

Hospital atacado en Siria.

Para Karim, la Revolución que en marzo de 2011 inundó de esperanza las calles del país en busca de una libertad restringida durante décadas por los regímenes Assad, “aguantó hasta ahogarse en la sangre de su propia gente”. Y se ahogó porque las armas les dejaron sin oxígeno. Porque recuperarlo resultaba cada vez más difícil con un sistema de salud deteriorado y sin recursos.

Romper el sistema sanitario es otro golpe más para una de por sí debilitada población”, añade este granadino de 27 años cuyos padres emigraron de Siria a España a principios de los 80 por su condición “contraria al régimen y por la mala situación del país”.

La Siria que dejaron hace más de treinta años es hoy el reflejo hecho pedazos de una guerra encarnizada que arrastra, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, cifras superiores a los 240.000 muertos y los 840.000 heridos.

Más de cuatro millones de sirios huyeron hacia otros países, principalmente a los fronterizos Líbano, Turquía y Jordania, evitando así que sus vidas quedaran asediadas por el horror. 

Sólo en El Líbano, con una superficie ligeramente inferior a la Comunidad Autónoma española de Asturias, viven un millón y medio de refugiados sirios. Por población, una de cada cuatro personas es siria y llegó al país huyendo de la guerra. 

Además, según el último balance de las Naciones Unidas, al menos 7.6 millones quedaron atrapados y desplazados internos dentro de una Siria abandonada por la humanidad y que antes de la guerra contaba con una población estimada de 23 millones de personas.

 

Bombardeando la salud siria

A lo largo del conflicto, numerosos centros médicos y profesionales de la salud han sido objeto de los ataques militares en un asalto a los derechos humanos de la población. Esto ha provocado una deficiencia extrema de recursos y de atención sanitaria.

Así lo denunciaba un doctor sirio sobre el terreno, que reconocía haber sido víctima de varias detenciones “por tratar a personas heridas”. Según expresaba en este vídeo de Vice News, con contenido gráfico, el Ejército Sirio había convertido a los médicos en “objetivo militar” porque “matar a un doctor es mejor que matar a mil luchadores”.

ADVERTENCIA DE CONTENIDO GRÁFICO +18

 

Los familiares de Karim que resisten dentro de Siria le transmiten ahora que, ante la precariedad que azota al país, la única opción para tratar su salud es “desplazarse a hospitales seguros, a los que el régimen tiene bajo control” en ciudades como Damasco, “con el peligro que conlleva moverse en esas circunstancias”.

“Los hombres del régimen tienen vigilados los hospitales” de esas zonas y, si en los interrogatorios previos a la entrada "descubren que eres del bando opositor, te detienen", narra Karim explicando lo que vendría después: “o conoces a alguien importante de ellos para que te suelten o tus familiares les pagan por tu libertad o te matan”.

Al igual que Karim, Miriam Alía Prieto conoce bien esta diferente atención sanitaria en determinados puntos del país ya que en 2012 se desplazó a Siria como Coordinadora Médica de Emergencias de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF).

“La mitad de la estructura sanitaria del país ha sido destruida” y se ofrecen “unas ayudas y unas estructuras muy diferentes en un lado y otro del país según quien esté en control”, advierte durante el VIII Congreso de Educación Médica celebrado en la Universidad Complutense de Madrid.

En palabras de Alía, “según el derecho humanitario, ni las ambulancias ni los hospitales se pueden atacar, pero esto pasa todo el rato en Siria” como evidencia esta imagen del distrito de Saif al-Dawla (Alepo) en enero de 2013 capturada por el fotógrafo español JM López, ahora desaparecido en Siria junto a los periodistas Antonio Pampliega y Ángel Sastre.

El personal de salud en el país está en doble peligro: por su condición de civiles y “por atender pacientes”.  Por ello, muchos de ellos “han tenido que huir, han sido asesinados, secuestrados, torturados y amenazados por grupos islamistas o grupos armados”, cuenta la trabajadora de MSF.

De los 2.500 médicos que trabajaban antes de la guerra en Alepo –la segunda ciudad más grande del país–, menos de cien permanecen ahora sobre el terreno, según cifras del mes de marzo de MSF.  “Unos 500 miembros de personal de salud han sido asesinados cerca de Alepo”, añade Alía.

El aumento de la violencia ha generado una drástica reducción de la presencia sanitaria y ante la falta de personal, ahora son estudiantes de medicina y cualquier persona ajena al sector que pueda ayudar quienes asumen a menudo la atención de los heridos, lo que “hace que la calidad de la atención que reciben sea muy deficiente”.

La esperanza de vida ha retrocedido veinte años” en Siria y se está dando una “violación masiva de los derechos humanos y del derecho humanitario que acoge a los civiles en tiempos de guerra”, concluye la cooperante.

 

La salud, bajo mínimos y sin recursos básicos

La destrucción a base de bombardeos y barriles explosivos de hospitales y de centros médicos improvisados así como la consecuente reducción de personal sanitario han ejercido un tremendo impacto en la salud de la población.

La Coordinadora de Salud del Comité Internacional de la Cruz Roja en Siria, Avril Patterson, definía de esta manera la urgencia sanitaria en el país:

Por su parte, la ONG Acción Contra el Hambre estima que, en la actualidad, once millones de personas sufren en Siria algún tipo de interrupción del servicio de agua y saneamiento, lo que ha generado un aumento de las enfermedades y un riesgo para la salud de la población.

Siria era un país donde los suministros de agua llegaban antes de la guerra prácticamente al 99% de la población con "servicios muy parecidos a los que tenemos en Europa", explicaba recientemente a la prensa el responsable de agua, saneamiento e higiene del Equipo de Emergencia de la organización, Jesús Baena.

La desaparición de los “suministros básicos” contribuye al incremento de las diarreas que son "especialmente peligrosas” porque acarrean en los menores de cinco años tanto un "deterioro nutricional" como "consecuencias crónicas" a largo plazo, contaba Baena.

A ello se le suma que el agua es cada vez menos apta para el consumo humano por "las deficientes condiciones higiénicas, especialmente entre las comunidades de desplazados”, tal y como advirtió la representante de Unicef en Siria, Hanaa Singer, quien resaltó que el mayor peligro lo corren los menores.

Un contexto que se agrava, además, antes los sucesivos brotes de epidemias de polio, sarampión, difteria y hepatitis que se desatan como consecuencia de esta precariedad en materia sanitaria. Y que aún resulta peor en las zonas sitiadas por el régimen, donde aumenta la desnutrición por el mero hecho de que ir a comprar el pan puede convertirse en riesgo vital.

Numerosas organizaciones no gubernamentales y asociaciones que han trabajado desde el inicio del conflicto en Siria han reiterado su denuncia en cuanto a la emergencia sanitaria que padece el país y las dificultades de acceso para introducir en él la ayuda humanitaria. Baena calificaba, en este sentido, de "preocupantes" tanto los problemas para entrar el material humanitario como el "débil sistema sanitario" existente.

Médicos Sin Fronteras sufrió el secuestro de cinco de sus cooperantes en enero de 2014, fecha en la que la organización cesó el envío de personal extranjero al país para comenzar a gestionar sus ayudas a través de control remoto y en colaboración con trabajadores locales.

El apoyo externo internacional, como última vía de salvación, se reducía por tanto poco a poco hasta quedarse bajo mínimos. Las defensas de la población siria se desgastaban al mismo ritmo.

 

Oxígeno para una Siria asfixiada

Aún hay quienes luchan, a pesar de los obstáculos, por trasladar a Siria un poco de oxígeno y por contribuir a paliar, en la medida de lo posible, su drama humanitario.

El esfuerzo del equipo de la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio (AAPS) parte desde Madrid, toma forma de contenedor solidario de grandes dimensiones con un coste aproximado de 4.000 euros y llega con la colaboración de ONG locales a ciudades sirias como Hama e Idleb.

Los dos últimos cargaban material sanitario e incluían, entre otros, grandes aparatos de radiodiagnóstico, donados por la Comunidad de Madrid, como una resonancia magnética y varios equipos de hemodinámica.

“Son aparatos viejos y descatalogados que aquí (en España) ya no sirven pero que en Siria se pueden utilizar porque funcionan”, explica en una entrevista Husam Kharat, médico de origen sirio y portavoz de la asociación.

Kharat también denuncia, por su experiencia en el año 2013 como médico voluntario en Alepo, que la estrategia del régimen de Bashar Al- Assad es “atacar a civiles totalmente desarmados” y “bombardear hospitales”.

Desconoce, sin embargo, si esta conducta gubernamental nace del “odio”, como respuesta ante la negativa de los ciudadanos a ser “sus súbditos” o para “desgastar psicológicamente” a la población.

De lo que sí tiene certeza Kharat, es que “toda infraestructura sanitaria debe ser clandestina” en las zonas opositoras de Siria. Y que “en las zonas del régimen las condiciones sanitarias son mucho mejores”, como ya advertían la cooperante española de MSF Alía y el joven hispano sirio Karim.

Los tres coinciden con tristeza en que Siria, en su quinto año de conflicto,  sigue desangrándose sin poder curar sus heridas. 

 

* Fuente de la imagen 1: Médicos Sin Fronteras. Fuente de la imagen 2: JM López. AFP. Fuente de la imagen 3: Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio.

Imprimir Email