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La cuenta atrás de Hassanna Aalia

En las retinas de Hassanna Aalia se escriben dos palabras: Gdeim Izik. Y es que Hassanna y Gdeim Izik son el mismo grito de libertad.

Con apenas 24 primaveras, el activista saharaui de derechos humanos lleva a sus espaldas varias detenciones, torturas y una cadena perpetua. Ésta última dictada en su ausencia por un tribunal militar que las autoridades marroquíes celebraron bajo denuncias de las organizaciones internacionales de derechos humanos Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW). 

A pocos días del brutal desmantelamiento del conocido “campamento de la dignidad”, más de 20.000 saharauis se manifestaron al aire libre en sus jaimas durante el mes de octubre de 2010, en lo que supuso un gran pulso a las autoridades de ocupación marroquíes. Hubo una gran campaña de detenciones a la desesperada y más de 300 saharauis fueron apresados y posteriormente puestos en libertad. Muchos de ellos reconocieron que fueron torturados y lanzados a las afueras de la ciudad ocupada de El Aaiún, entre ellos Hassanna Aalia.

Hassanna, un periodista que formaba parte del equipo que cubría de forma continua las protestas y la posterior intervención del Ejército marroquí, fue detenido en varias ocasiones y puesto en libertad al no encontrarse pruebas contra él.

Tras participar en el Foro Social Mundial celebrado en Dakar (Senegal), el activista obtiene la oportunidad de beneficiarse del visado que una asociación vasca ofrece para participar en un curso de tres meses para perfeccionar el castellano y, de esta forma, abandona los territorios ocupados.

En plena clase, Hassanna recibe la drástica noticia. Las autoridades marroquíes han emitido una orden de detención contra él, en la que se le acusa, entre otros, de “atentar contra la seguridad del Estado” y “formación de banda criminal”. Decide solicitar ante las autoridades españolas el asilo político ante el temor del riesgo que corre su vida.

Por su parte, sus 24 compañeros detenidos y trasladados a Rabat, fueron  presentados a un juicio farsa de un tribunal militar que, el viernes 17 de febrero de 2013, les condenaba a duras penas de cárcel.

Hassanna fue condenado a cadena perpetua sin pruebas que justificasen las acusaciones que se le imputaban en rebeldía. Un juicio claramente político que, según reconoce el activista, es “una condena política por ser periodista y activista por los derechos de mi pueblo y por las reclamaciones de libertad e independencia para mi país”.

Es el lunes 19 de enero de 2015 cuando se le notifica el rechazo a su solicitud de asilo político y se le dan 15 días para abandonar territorio nacional.

El abogado de Hassanna Aalia y también jefe del servicio jurídico de CEAR Euskadi, Javier Canivell, ha declarado que la negativa es una vulneración del derecho de asilo y que la defensa del activista va a recurrir ante la Audiencia Nacional.

Lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui

Hassanna, que ya ha sufrido a pesar de su juventud en su propia piel las torturas a las que somete el Estado marroquí a los activistas saharauis, corre el riesgo, en esta cuenta atrás, de pasar el resto de su vida en una cárcel junto al resto de sus compañeros, conocidos como “el grupo de Gdeim Izik”.

La MINURSO (Misión de las Naciones Unidas por un Referéndum en el Sahara Occidental) carece, a diferencia del resto de misiones de mantenimiento de paz, de un mecanismo de vigilancia de los derechos humanos. Esto hace que la mayoría de los abusos que, a diario, se comenten en el territorio, no puedan ser investigados.

El drama de Hassanna es, sin duda, estremecedor y los datos no invitan al optimismo. Según el informe “La situación de los refugiados en España” de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), sólo cinco Estados de la UE asumieron el 70% de solicitudes de asilo: Alemania, Francia, Suecia, Italia y Reino Unido. 

España se queda atrás en la lista, habiendo tramitado solo un 1% de las solicitudes. Según la Ley de Asilo española, entre los actos que pueden considerarse de persecución y en los que se contemplaría la aprobación de la solicitud, son “procesamientos o penas que sean desproporcionados o discriminatorios”. Amnistía Internacional que, en su día, calificaba el juicio a Hassanna de ser “imparcial y sin garantías”, se suma a numerosas organizaciones de derechos humanos (junto a la propia marroquí AMDH) que evidencian la situación de desamparo en la que se encuentra el activista saharaui.

Hassanna Aalia, avalado por el ACNUR, ha agradecido en una rueda de prensa celebrada el pasado jueves en Bilbao el apoyo recibido y se ha aferrado a sus reivindicaciones de lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui. Sin embargo, por mucho que Hassanna se aferre a sus convicciones, la cuenta atrás sigue estrechando los límites de su libertad.

Si quieres apoyar a Hassana, súmate a esta campaña.

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